Se me fue, se me ha ido. Ese sentimiento lo he perdido.
Al ver al Canijo cantar esa última cuarteta de este popurri que os pongo hoy, me he dado cuenta de que ya no se me ponen los pelos de punta cuando escucho cosas bonitas sobre mi ciudad. Desde que me he dado cuenta de que allí, en Cádiz, la grandeza de ser como es, la veo como un conformismo dentro de la mediocridad que vive, siento rabia. Y más que rabia, pena.
Creer que son felices porque el Carnaval les ha dicho que viven en el mejor sitio del mundo, y que no hay nada mejor que eso sin haber salido más allá del Puente Carranza… Pensar que hay paro porque no hay trabajo, no porque no lo creemos… creer que se puede vivir como un rey sin haberte hecho un curriculum o por tu cara bonita. Vivir de la única ilusión de un equipo de fútbol demacrao y de unos carnavales que cada vez son más los de fuera quien nos da lecciones y tenemos que abrir los ojos ante la mierda que deja el poso de la Tacita de Plata… Seguir con la misma demagogia barata y pensar que las cosas son así porque es así y punto y no ponerle remedio. Olvidar nuestro pasado. Vivir de la renta de él. Pensar que aún seguimos siendo la ciudad del comercio, la ciudad constitucional, el único reducto que no conquistó Napoleón, donde se inventó la tortilla francesa, las tapas, la primera ciudad española en ver la luz de noche…
Cádiz sigue igual, o peor, que cuando se terminó, allá en el siglo XIX, anclada en la idiosincrasia y el aplauso fácil carnavalero. En el “me pongo moreno y no me importa otra cosa”, en el “me cierra los bares y las discotecas y me da igual”, en el “si me tengo que ir a San Fernando o al Río San Pedro a vivir, eh lo mismo porque yo soy felí yendo los domingos al Carranza”… Quedando pisos vacíos porque nadie puede comprarlos por lo caros que son… haciéndolo gente con dinero que sólo vienen algún día que no haya levante en verano…
Cádiz muere por la noche. Cuando ya solo esperamos que llegue el verano para a ir a un triste chiringuito que nos cierra a las dos de la mañana. O pasando calor dentro del Traca-trá porque en el Iguana no nos dejan sacar los vasos fuera de la calle. Donde no hay ninguna terraza de verano donde poder bailar o echar una canita al aire como tantas otras ciudades costeras de cualquier parte del mundo. O empujando, dando codazos en el Barabás para poder echar un triste baile con algún amigo.
Cádiz muere día día, hasta que no quede nada de ella. Hasta que no nos demos cuenta de que si hubiésemos construido pa’arriba, como una vez dijo Tino Tovar, otro gallo cantaría. Cádiz tiene la suerte, o la desgracia, de estar acotada, y en vez de mejorarla, la estamos hundiendo más al fondo que la ciudad de los fenicios, de los romanos, aquella que dislumbraba ante el mismísimo Sol.
Cádiz estará muerta cuando llegue el 2012, porque será el año en el que todos recordaremos lo que fuimos y la mierda que somos ahora. Una ciudad tan aprovechable como es, se les va los mejores, los artistas o técnicos grandes de verdad fuera, a crecer, porque en su tierra no son valorados, son considerados “raros” porque no es su privilegio salir en el Falla o sacarse el carné del Cádi.
Cádiz es mucho más que dos tradiciones. Es sobre todo historia, urbanismo, arquitectura, arte, comercio, diversión, gracia, salero, ingenio, resurgir de las cenizas, luchadora, fuerte… Al menos lo era, pero todo eso ha caído en el olvido para ser simplemente eso que tanta pena me da: CONFORMISTA, sin ilusión ni metas, sin ganas de mejorar, sin chicha ni limoná. Cádiz va de cabeza a ser el culo del mundo en catetismo, a la que me incluyo y espero que alguna generación devuelva a Cádiz al lugar donde se merece.
Gracias al Canijo por sus letras. Con qué buenos ojos miras a Cádiz, joío.
Gracias a Onda Cádiz y wedpoin por el video ![]()
















